Las primeras palabras que pronunció Paulo Freire en cuanto pisó por primera vez
Cataluña (Flecha, 2008) fueron para preguntar cómo la intelectualidad catalana y
española no se había solidarizado con su pedagogo más relevante, ni siquiera cuando era ya
llevado al pelotón de fusilamiento. En ese mismo viaje, Paulo estuvo hablando con sociólogos de
la educación de Cataluña de cómo la sociología de la educación reproduccionista era incapaz
incluso de ver que había escuelas, como la fundada por Ferrer, que colaboraban muy activamente
en la transformación de la sociedad. La sociología de la educación no althusseriana (Apple, 1997;
Giroux, 1992; Macedo, 1989; McLaren, 1995) valora muy positivamente ese tipo de escuelas
transformadoras.
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