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Sara CIRIA HUESCA.- Francisco Ferrer i Guardia tuvo una vida ajetreada, reflejo del contexto histórico que le tocó vivir. La profesora María Jesús Vicén narró ayer en las jornadas "Educación y libertad" parte de su vida y de los principios de la Escuela Moderna, en la que desarrolló sus teorías pedagógicas, basadas en el racionalismo. De formación autodidacta, en París adquiere ideas y contactos que reflejará después en la Escuela Moderna, fundada en Barcelona en 1901. "Tiene una corta existencia, porque en 1906 se le atribuye el atentado a Alfonso XIII. Cierran la escuela y él emigra otra vez a Francia", explica Vicén. Por motivos familiares Ferrer i Guardia regresa de nuevo a España en 1909 y en julio se desencadena la Semana Trágica de Barcelona, en la que se le implica por sus escuelas racionalistas. "Sus biógrafos han demostrado que en realidad no estaba implicado, pero es juzgado, condenado a muerte y fusilado el 13 de octubre de 1909", relata Vicén. Su injusta y temprana desaparición deja sin embargo principios educativos más que vigentes. "Se basan en el racionalismo, pero también es laicista, librepensador y con principios orientados en ese sentido. Defiende la educación integral y conceptos muy actuales en movimientos progresistas de la época", señala. Ferrer i Guardia propugna la educación mixta y el juego como vehículo de desarrollo del niño, "algo que estamos trabajando en la formación de maestros, e incluso a nivel de leyes de educación", apunta Vicén. Le preocupa también el higienismo, muy en vigor hoy, y el contacto con la naturaleza. Ya en su tiempo, eliminó el sistema de premio y castigo y los exámenes. "Tenía en cuenta seguir el ritmo de los alumnos, atender a su diversidad. Es algo que en la actualidad se está planteando y ha costado muchísimo", resalta Vicén. Otra novedad fueron las conferencias dominicales, en las que se impartían hábitos sanitarios y se ofrecía atención médica. Su compromiso social y político tuvo también reflejo en su forma de enseñar. "Cuando viajaba a fábricas con sus alumnos lo hacía como recurso didáctico, pero también quería hacerles reflexionar sobre las condiciones de explotación de obreros". Los principios de la Escuela Moderna se desarrollan durante los años 20 en la Escuela Nueva, con prestigiosos pedagogos como Freinet y Decroly, y hoy se siguen estudiando y defendiendo. CARRASQUER, PASIÓN POR EL SABER Y LA LIBERTAD Félix Carrasquer nació en Albalate de Cinca en 1905 y sólo fue a la escuela dos días. A pesar de esto y de quedarse ciego con veintiocho años, es uno de los grandes educadores aragoneses del siglo XX. El director del Museo Pedagógico de Aragón, Víctor Juan, trazó ayer un retrato "en espiral" del personaje en las jornadas organizadas por esta institución y el área de Ciencias de la Educación de la Universidad de Zaragoza. Su fijación por ser libre y entenderlo todo marcaron la vida de Carrasquer. Siendo muy niño se le detecta una miopía severa y degenerativa. Cuando con doce años el doctor Barraquer le recomienda no leer, él responde: "Si no puedo leer, la vida me importa un comino". Todo su conocimiento lo adquirió leyendo, y en Barcelona trabaja como panadero para poder leer de día. Albalate pronto se le quedó pequeño, y en Barcelona pudo satisfacer su ansia de saber y entabló contacto con el movimiento libertario, con cuya causa simpatiza. De nuevo en Albalate, funda un grupo cultural y se sumerge en muchos proyectos culturales ilusionantes en la comarca. "En diciembre de 1933 reciben la consigna de proclamar el comunismo libertario en el pueblo y así lo hicieron. No hubo incidentes, pero se dieron cuenta de que estaban solos", explica Vicente Juan. Los jóvenes del pueblo, Carrasquer entre ellos, tuvieron que huir, frustrándose el proyecto en su momento más floreciente. Más adelante conoce a Freinet y su imprenta y toma conciencia de la capacidad de la escritura para cambiar el mundo. "Su segundo proyecto, en el año 35, es una escuela en el Ateneo de les Corts de Barcelona, donde se combinan los principios pedagógicos de la Escuela Moderna de Ferrer con la Escuela Nueva, un movimiento europeo donde están Montessori y Decroly", señala Juan. A esto añade el gran poder de la imprenta, y en este proyecto se involucran los cuatro hermanos Carrasquer: Félix, José, único que había estudiado Magisterio, Francisco, reciente Premio de las Letras Aragonesas, y Presen. "Era una escuela asamblearia, basada en la autogestión, donde los maestros tenían la misma voz que los estudiantes". Los domingos todos se iban a la playa, donde llegaban a juntarse quinientas personas que escuchaban las palabras de Carrasquer. Pero también aquí la experiencia se frustra en su punto álgido al llegar la Guerra Civil. Félix dirige después durante unos meses la maternidad del Barrio de Les Corts. En la guerra conoce el proyecto educativo de las colectividades libertarias, y al ver las carencias de los que las gestionaban les plantea la Escuela de Militantes de Aragón. "Se instaló en Monzón, con un plan de estudios que trabajaba lectura, escritura, contabilidad y dinámica de grupos". La idea era formarlos para desempeñar misiones directivas en sus colectividades, pero sufren las hostilidades del comunismo y al caer una bomba se ven obligados a trasladarse. El proyecto va degenerando hasta que desaparece. Carrasquer viaja después a Francia, tras un peregrinaje por varias localidades aragonesas en el que no se despega de su máquina de escribir, su única herramienta para plasmar su pensamiento y claro reflejo de "su pasión por comunicar y compartir el conocimiento". En el país vecino pasa por varios campos de refugiados y sobrevive en pésimas condiciones. En los años 40 vuelve a Barcelona, donde desempeña varios cargos en la CNT que le llevan a la cárcel durante doce años. "Lo primero que hace al salir en el año 60 es alquilar una máquina de escribir", apunta Juan como ejemplo de su tesón. De nuevo vuelve a Francia, y en compañía de su compañera, Matilde Escuder, compra una granja cerca de Toulouse, pero en los 70 vuelve a Barcelona, donde la gente acude "en procesión" a su casa del Tibidabo. Aún estuvo en Huesca en el año 88, en un acto de homenaje a Ramón Acín en el que le sorprendió gratamente que Marcelino Iglesias, entonces presidente de la Diputación Provincial, elogiara la figura de Acín, "a pesar de ser socialista". |
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